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Memorias – Alexandra Hahn junio 24, 2009

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Durante tres semanas 60 jóvenes convivieron, aprendiendo sobre la realidad europea, sobre todo española, y el relacionamiento de todos los países de Iberoamérica. Además se forjaron amistades, que a lo lejos, aún perduran. Alexandra Hahn, en su texto de memorias, recuerda hechos de esas tres semanas y plantea porque la integración sigue siendo el objetivo máximo.

Alexandra Hahn

No es todos los días que una persona es seleccionada entre cientos de otros y le ofrecen un viaje de tres semanas recorriendo parte de Europa y reuniéndose con importantes autoridades y representantes de todas las áreas de la vida política, cultural y económica. Y aún más para una periodista la oportunidad fue invalorable. La oportunidad rindió y mucho, tanto a nivel profesional como personal, que es lo que yo valoro más.

Poder entrar en contacto con personajes como Felipe González, Enrique Iglesias, los Príncipes de Asturias, y los empresarios que tan vinculados están a América Latina amplió nuestro conocimiento del mundo en que vivimos, de cómo están las relaciones entre nuestros países y España, la “madre patria”, y Europa en general.

Lejos pero cercanos

¿Quién no recuerda los nervios de todos al llegar al Palacio de la Zarzuela? ¿Y la emoción al encontrar en París la revista “Hola” con la foto (aunque recortada) oficial con los Príncipes?  ¿O el bus con el “lugar vip”? ¿El calor de la feria de Zaragoza, los paseos por Madrid, las salidas grupales a distintos lugares, el bar de cervezas de Bruselas, o el “boliche” de salsa en Badagoz?

Cada uno llegó con sus expectativas, y esas tres semanas aparte de todo lo humano, nos dio la oportunidad de conocer de primera mano cómo funcionan las instituciones y organizaciones que deciden muchos elementos que afectarán nuestro futuro. Cómo lo afectarán está en nuestras manos: podemos quedarnos quietos y callados, o podemos movernos, unirnos, “hacer ruido”, cómo se dice en mi país.

Desde el primer encuentro en el lobby del hotel, donde en círculo nos presentamos, nos conocimos, hasta las lágrimas de despedida en el mismo lugar. Todo suma. Cada charla, comentario, abrazo, risa, lágrima, broma. Todo suma.

Y aún las discrepancias suman. Tal vez la visión de un individuo no es compartida por todos. Es natural que suceda. Venimos todos de culturas distintas y tenemos personalidades distintas.

Pero en la discrepancia y variedad también se aprende. Y ahí está el centro que nos movió durante tres semanas y nos sigue empujando ahora. Todos tenemos visiones distintas, opiniones diferentes, perspectivas diversas. No por eso debemos dejar de conversar, de discutir, de charlar y de aprender.

Claramente hubo y hay en todo este proyecto que emprendimos una línea directriz: la integración. Y creo que no hay mejor ejemplo de ello durante esas tres semanas donde un grupo de 60 desconocidos convivieron casi las 24 horas del día y compartieron experiencias de vida, experiencias de viaje, que llevaron a forjar amistades perdurables.

Es natural y esperado que con el paso de tiempo las relaciones se enfríen, más cuando el contacto personal es escaso, y cuando la vida de cada uno sigue en su rutina habitual, que deja poco tiempo para otras cosas.

Mi experiencia personal, al menos, me ha llevado a pasar por ese momento varias veces. Y aprendí que todo tiene un ida y vuelta. Hoy estamos más alejados, mañana por alguna razón nos uniremos más que nunca.

Nos fuimos de España tristes de tener que separarnos. El día a día hace esa separación más aguda, y menos sentida. Pero las circunstancias se van a dar para que, al menos muchos, podamos encontrarnos de nuevo, podamos fortalecer nuestra amistad y nuestra integración, ya que el nodo central de lo que se logró en esas tres semanas sigue estando y hay que fortalecerlo aún más: es justamente la Conexión Iberoamérica.

Alexandra Hahn es Uruguaya, periodista, trabaja como editora de contenido periodístico de EL PAÍS digital y miembro de Conexión Iberoamérica.

Abrazando a Iberoamérica junio 16, 2009

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El nacimiento de los Estados Modernos, responsables del bienestar de los ciudadanos, conlleva una disolución de la obligación individual y colectiva de ayudar a la sociedad. En el texto “Abrazando a Iberoamérica”, Estefanía Almenta reflexiona sobre el poder de la acción social como motor de cambio en las sociedades actuales.

Abrazando a Iberoamérica

Estefanía Almenta

El surgimiento de los estados modernos en el siglo veinte trajo consigo el denominado “bienestar social”, también conocido como “Estado del bienestar”. En otras palabras, el Estado se convirtió en la institución encargada de velar por el bienestar de todos los ciudadanos. En tanto que el Estado asume la responsabilidad de socorrer y apoyar a toda la comunidad en cualquier situación de sus vidas, existe la posibilidad de que los individuos olviden su propia responsabilidad de ayudar a sus conciudadanos. Así pues, el poder público se alza como el único con el derecho y la obligación de resolver cualquier problema en cualquier circunstancia.

Ciertamente, podríamos asumir que es beneficioso para el orden social que los gobiernos cuiden de la población, especialmente cuando las personas no tienen la capacidad de hacerlo por ellas mismas. La pregunta entonces es, ¿significa esto que la gente no puede hacer nada? ¿Estamos afirmando que los gobiernos son los únicos que pueden desempeñar un papel en la consecución de nuevos desarrollos?

Es necesario señalar que las acciones gubernamentales no son incompatibles con la acción social. Existe un amplio abanico de asociaciones cívicas altruistas y de organizaciones no-gubernamentales que trabajan para cambiar la realidad, y el impacto de su actuación social se percibe claramente en el desarrollo de las leyes y las costumbres. Debemos recordar que muchas conquistas sociales se deben precisamente al trabajo desinteresado de muchas asociaciones. Es más, los individuos pueden también emprender acciones, normalmente a nivel local, pero con un efecto global. Una de las ventajas de la globalización es precisamente que un proceso de carácter local puede compartirse con personas de todo el mundo. De esta forma, una pequeña acción puede convertirse en un gran logro.

Abrazando a Iberoamérica

En este sentido, me gustaría llamar la atención sobre un punto que a mi juicio es crucial: el grado de consciencia. Si existiera una consciencia pública de la manera en la que los individuos pueden emprender acciones para modificar su entorno, quizá más gente empezaría a considerarlo seriamente. Al fin se darían cuenta de que el poder de cambio está en sus propias manos.

Cuando miro hacia Iberoamérica, siento que su futuro está en nuestras manos. Nuestra asociación tiene todo lo necesario para emprender acciones que trasciendan nuestras fronteras, y nuestro punto fuerte es precisamente que somos conscientes de ello. Por eso creo sólidamente en nuestra fuerza para construir esta Conexión en la que nuestras manos se entrelazan para dar un fuerte abrazo a Iberoamérica.

Estefanía Almenta es Española, psicopedagoga, estudiante de Máster en Políticas Educativas, investigadora del Grupo HUM365 “Organización, Innovación y Perfeccionamiento” y miembro de Conexión Iberoamérica.

Memorias – Darko Cotoras junio 9, 2009

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Iberoamérica está compuesta por países cuya historia y cultura es suficientemente similar como para facilitar el diálogo, pero a su vez suficientemente diferente como para enriquecer la interacción. Darko Cotoras, en su texto para “Memorias”, comparte su experiencia en el VII Programa de Jóvenes Líderes Iberoamericanos.

Darko Cotoras

Aeropuerto de Barajas, Madrid. 11am. 29°C. Al mismo tiempo en Santiago de Chile eran las  5am y con probablemente menos de 10°C.  Todo en menos de 13 hrs… Tan repentino como el cambio de clima fue como llegué a este programa. A través de una beca de la Fundación Carolina participaría en el VII Programa de Jóvenes Líderes Iberoamericanos. Inicialmente no tenía muy claro en qué consistía. Sabía que habría charlas con políticos, empresarios y personajes del mundo de la cultura. Además, que visitaríamos lugares históricos como museos y edificios de estado. Pero, cómo eran los demás participantes, cuál era su edad, que expectativas tendrían o que tanto sabían ellos del programa, era para mí era una incógnita. En las horas previas a encontrarme con el grupo tenía una mezcla de ansiedad y curiosidad.

Llegué un par de horas antes que muchos de los demás participantes. Por ello salí a caminar. A mi regreso había cerca de 60 personas en el hall del hotel, la mayoría entre 22 y 24 años. Era claro que con ellos compartiría las siguientes 3 semanas. Mi primera impresión fue que parecían compañeros de la universidad. Este fue un buen comienzo. Luego, con el pasar de los días los iría conociendo y me daría cuenta que compartíamos las mismas expectativas y dudas. No solo eso, todos nos encontrábamos en una situación más o menos similar en los que respecta a estudios. Habíamos acabado recién la licenciatura y estábamos comenzando la siguiente etapa. Algunos en su primer trabajo, otros en la tesis de pregrado y los demás iniciando en magister o doctorado. Sin embargo, todos proveníamos de distintos países (de Chile éramos tres participantes). Un grupo de la península Ibérica, algunos de islas Caribeñas, otros Centroamericanos, unos cuantos más de países del Altiplano o de la selva Amazónica y nosotros del cono sur. Las realidades políticas, sociales y económicas de cada país eran en algunos casos radicalmente distintas. Además, las carreras que habíamos cursado eran muy diversas. Por ejemplo, ingeniería, derecho, medicina, estudios internacionales, turismo, biología, economía, diseño, mercadeo (marketing), entre muchas otras. No obstante, entre los países Iberoamericanos existe un acervo cultural que inmediatamente se evidencia en una serie de “lugares comunes” que facilitan enormemente la comunicación. Existen muchas similitudes que permiten una interacción muy natural, mas también hay diferencias que enriquecen mucho el intercambio.


Chile

Participantes Chilenos del programa en el Parlamento Europeo. De izquierda a derecha: Esteban Vera, Claudia Brito, Darko Cotoras

Ya con esta duda resuelta comenzaron las actividades propias del programa. Todas ellas ordenadas en un intensísimo y perfectamente organizado cronograma. Básicamente buscaban dar una panorámica general de diferentes aspectos de la realidad Española y Europea. Junto con promover integración entre los países Iberoamericanos.

Los mensajes que se podían rescatar de cada expositor eran tan diversos como los expositores mismos. Por ello resulta difícil sintetizarlos en unos pocos párrafos. Pero, me gustaría rescatar algo que en cierto sentido derribó uno de mis paradigmas escolares. Desde la educación básica, acto seguido a que alguien hablase de una forma fuera del canon estándar del lenguaje se citaba la RAE e indicaba la forma “correcta” de decirlo. Pero, estando en la RAE su subdirector nos transmite la idea de que el lenguaje era algo vivo que lo construían dinámicamente todos los pueblos hispano hablantes. La RAE más que autocráticamente dictar reglas busca rescatar la manera en la que efectivamente se habla en español. Ahora el clásico “Según la Real Academia de la lengua Española…”, para mí ha tomado otro sentido.

Además, de las charlas también hubo tiempo para conocer lugares históricos y turísticos. Así visitamos el centro histórico de Bruselas y Paris, ruinas romanas en Mérida, la ExpoZaragoza 2008, el castillo de San Jorge en Lisboa, por mencionar algunos.

Por lo intenso de la experiencia resulta difícil en el momento dimensionar lo que se está viviendo. Racionalmente crees que si puedes, pero la perspectiva de un par de semanas te demuestra lo contrario. Con la distancia del tiempo vas cayendo en la cuenta de un montón de cosas. Entre ellas la importancia del diálogo y la cooperación de países que vivimos en la misma región y conservamos una base cultural común.  En todo Iberoamérica hablamos principalmente dos idiomas, los cuales incluso se parecen mucho. Además, tenemos una historia común. No solo por las guerras o colaboraciones del pasado, sino que también por paralelismos en los procesos que nuestros pueblos han y están viviendo. Esto demuestra la importancia para el desarrollo de nuestros países del diálogo entre naciones y entre distintas ramas del conocimiento.

Darko Cotoras es Chileno, biólogo, estudiante de Magister en Ciencias Biológicas con mención en Ecología y Biología Evolutiva y miembro de la Conexión Iberoamérica.

Sí, se puede junio 2, 2009

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La victoria de Barack Obama ciertamente representó un cambio en la política de los Estados Unidos, pero también pasará a la historia como una revolución en la manera de hacer campañas electorales. Natália Salgado Bueno, en el texto “Sí, Se Puede”, explora las elecciones estadounidenses y extrae importantes reflexiones sobre sus lecciones para el éxito de redes sociales como la nuestra Conexión Iberoamérica.

Sí, Se Puede

Natália Salgado Bueno

La campaña política de Obama, en la movilización por las primarias y su campaña electoral, fueran importantes para el mundo no solamente por el cambio político en una gran potencia o por el acontecimiento de ver a un negro vencer las elecciones en un país marcado por la tensión y conflicto raciales. La campaña de Obama nos mostró la fuerza que se genera cuando las  personas se juntan y se movilizan por un objetivo en común. 

Redes

Hace poco tiempo, tuve la oportunidad de entrevistar a Jorge Srur, Argentino, especialista en innovación institucional del Banco Interamericano de Desarrollo y a Sean Quinn, correspondiente en la Casa Blanca de la dirección 538.com, sobre la campaña de 2008 y las innovaciones del gobierno de Obama. 

Srur y Quinn destacaron tres aspectos. Primero, uno de los aspectos más importantes de la campaña de Obama fue el uso inteligente de las redes sociales, principalmente por la internet. La tecnología de facebook, SMS, myspace y otros es la condición necesaria, pero no suficiente. El equipo de Obama permitió a las personas utilizar la internet (mybarackobama.com) para movilizarse, sin el control jerárquico y directo del equipo profesional del partido y de la campaña. La señal enviada era muy inclusiva: Todos los que quieren discutir nuestro mensaje pueden organizarse por nuestro sitio en la internet. Segundo, el mensaje de la campaña, además de inclusivo era muy claro y sencillo. En tercer lugar, las personas tenían espacio para compartir sus historias personales en las oficinas de la campaña, como en el sitio de la internet: ¿Por qué yo estoy aquí? ¿Por qué quiero participar? ¿Qué me motiva? Al compartir sus historias, las personas creaban vínculos y empezaban a crear su historia común. En síntesis, la tecnología es el medio, pero el mensaje y los vínculos creados son más importantes para movilizar las personas. 

Pero, ¿Qué  nos importa eso? Bueno, eso nos importa por tres razones. Primero, la tecnología también es un medio crucial para nosotros. Si queremos movilizar personas en dos continentes, en 22 países, la internet es la herramienta crucial, pero tenemos que pensar en maneras inteligentes de utilizarla. Segundo, tenemos que pensar y discutir nuestro mensaje: ¿Porqué debemos movilizarnos por la conexión? ¿Cuál es el sentido de la conexión Iberoamérica? ¿Cuál es nuestro mensaje? Sobre la historia, ya tuvimos tres semanas intensas de historia en común. Y nuestra Iberoamérica tiene 500 años de historia. Ahora nos queda construir la nuestra  en común en la actual historia de Iberoamérica. 

Natália Salgado Bueno es Brasileña, socióloga, estudiante de una Maestría en Ciencia Política, investigadora del Centro Brasileiro de Análise e Planejamento y miembro de la Conexión Iberoamérica.