jump to navigation

Las redes sociales: una sociológica marzo 17, 2010

Posted by conexioniberoamerica in Reflexiones.
14 comments

Las redes sociales online son parte de nuestras vidas; es difícil encontrar a alguien que no tenga un perfil en uno de sitios web creados para este fín. Pero, ¿cuáles son los origenes de este fenómeno?, ¿cuáles las ventajas y desventajas de esta nueva forma de relacionarnos con nuestros amigos? Hector Dorado, sociólogo de profesión, reflexiona sobre esta temática tan actual.

Las redes sociales: una sociológica

Hector Dorado

El término red social, no  es para nada nuevo, ni su origen guarda relación con la llamada generación Web 2.0, expresión que fue utilizad por Tim O´Reilly para referirse a una segunda generación en la historia del desarrollo de tecnología Web basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios como las redes sociales, los blogs, los wikis o las folcsonomías, que fomentan la colaboración y el intercambio ágil y eficaz de información entre los usuarios de una comunidad o red social.

Por lo tanto las redes sociales no son un invento actual aunque con la llegada de la Web 2.0 ha despegado a una velocidad impresionante la potencia de su alcance y trascendencia dada la imperecedera necesidad de socialización de los seres humanos. El término, en definitiva, lleva decenios siendo utilizado por las ciencias sociales, y su inclusión en Internet como forma de relación natural no ha hecho sino aumentar el espacio de aplicación, no crearlo.

El estudio de las redes sociales desde un punto de vista antropológico nace tras la Segunda Guerra Mundial, al mostrarse la necesidad de comprender los comportamientos de las sociedades que empiezan a adaptarse a su nuevo entorno y situación y a alejarse de las pautas culturales e instituciones sociales estáticas o fijas. Los científicos sociales utilizan los conceptos y categorías asociados al análisis de redes para el estudio de asuntos variados; el análisis de redes es una aproximación intelectual amplia para identificar las estructuras sociales que emergen de las diversas formas de relación, pero también un conjunto específico de métodos y técnicas.

Resulta importante destacar la concepción de “redes sociales” que nos brinda la sociología fenomenológica. Para esta corriente del pensamiento sociológico las redes sociales son una especie de técnicas descriptiva; a través de la cual percibimos a los grupos humanos como complejos sistemas de comunicación e intercambio a lo largo de eslabones interconectores, por los cuales se movilizan recursos (materiales simbólicos y personales).

En el proceso de socialización del ser humano, siempre ha aparecido una red social que conjuga todas las relaciones que posee. En el caso las redes sociales que se generan en Internet: la levedad de los vínculos.

Esto significa, que podemos tener agregado a nuestra red a gente que no es muy importante en nuestra vida. Nos cuesta mucho menos agregar a alguien a nuestro perfil de la red social en Internet que integrarlo en nuestro grupo primario de amigos. Las relaciones, por tanto, suceden de un modo más frío en Internet y eso posibilita la entrada de gente más alejada a nuestras relaciones.

Si bien es cierto que, en muchas ocasiones, las relaciones que se crean necesitan un reforzamiento offline para fijar esa conexión. No vale con tener a alguien presente en tu cuenta de la red social y no tener contacto cara a cara con él o ella. La red puede ser un primer paso para el inicio, o refuerzo de una amistad pero siempre ha de contar con el apoyo de relaciones tangibles, reales o físicas.

La oferta de los servicios y herramientas que dan soporte a las redes sociales online es tan amplia que está cubriendo múltiples  temas y segmentos. Si hiciéramos un análisis de los criterios de eficiencia que intervienen en el desarrollo y o aceptación que pueda tener una red específica, veríamos que algunas pocas consiguen rápidamente una amplia popularidad con audiencias de millones de usuarios y otras no consiguen arrancar.

Ninguna de las iniciativas exitosas tiene garantizada, a medio y largo plazo su continuidad, todo va a depender de su capacidad de renovación constante, y de que no surja  una iniciativa que por sus prestaciones y otros factores sociales o culturales sea más atractiva para los usuarios.

Desde un punto de vista sociológico -el fenómeno ya no es tecnológico- están cambiando de forma muy rápida, las relaciones entre la producción y el consumo de los contenidos en la red, la gestión de la información privada individual puesta a disposición del dominio público y el surgir de una nueva retórica de “democratización”,  de una imagen que las personas reclaman de Internet como un espacio propio y toma del control de sus contenidos, reclamando un estatus de “autor” acompañado de un cierto culto a la afición en detrimento de la calidad que se le debería exigir a cualquier contenido,  al margen de si está producido por “especialistas” o por simples personas interesadas/apasionadas por un determinado tema.

En efecto, en la Red se van consolidando redes que están conllevando la responsabilidad de la construcción de una amplia acumulación de conocimiento acerca de uno mismo, de los otros y del mundo entero. Se van articulando una especie de directrices dinámicas donde se cruzan la información de cómo las personas se observan, expanden la red, hacen nuevos “amigos”, editan y actualizan contenidos, los recombinan, los anotan, responden, comparten, exhiben, etiquetan y otras tantas actividades.  Todo esto está consolidando una cultura online participativa donde los usuarios se van involucrando, cada vez más, en la creación de los contenidos de la Web al mismo tiempo que en el consumo de estos.

Esto, nos lleva a pensar que están surgiendo nuevos espacios colaborativos que giran alrededor de una cultura abierta donde cualquiera puede participar, y todo el mundo tiene el potencial de ser visto y escuchado. Según esta visión existen oportunidades para que nuestros pensamientos puedan ser leídos, nuestros vídeos vistos y nuestra música escuchada. Se justifica entonces la proliferación de redes sociales en países como China y Corea, donde el uso de estas permite cierta libertad de expresión que no puede manifestarse en el proceso de socialización convencional y tradicionalmente  utilizado por el ciudadano común.

Necesitamos hacer también otro tanto de reflexión en este sentido porque no debemos olvidar que detrás de una argumentación de “democratización” de la Red, del conocimiento y de la participación, detrás de las redes sociales online en la Web 2.0, hay un mercado sutil –y a veces no tan sutil- regido por la oferta y la demanda. Un espacio en el que han surgido, en muy pocos años, negocios que mueven miles de millones de dólares: si consideramos los ingresos anuales -datos 2008-, por ejemplo, de Google (21.800 millones), de MSN/Live (3.214 millones), de MySpace (800 millones), o de Facebook (300 millones), por citar algunos[1].

Y esto nos lleva a la meditación de que las redes sociales online, son espacios duales, donde los ideales de la democratización del conocimiento, la creación y el desarrollo de nuevas formas participativas van ha coexistir con el desarrollo de formas mordaces de consumismo y mercantilización de los perfiles personales que pueden acabar socavando dichos ideales.

Aunque  es cierto que el fenómeno pudiera tener ciertas connotaciones por lo  menos censurables, es uno de los factores que ha contribuido al desarrollo de una percepción social de nuestro mundo como algo más angosto, lo que fuere anteriormente descrito por Marshall McLuhan con el término “Aldea global”.  Con el tiempo, el participar en estas redes parece exigir manejar un lenguaje específico, híbrido entre los foros y los SMS, y adaptarse a un tipo de perfil que facilite la consecución de nuestros fines, ya sean estos profesionales, de ocio o de interrelación con nuestros amigos.

El hecho es que estas redes ya están aquí y están para quedarse.  El asunto es que podemos trabajar entre todos para hacer que su uso sea una cuestión ética, cuya primera intención sea la de ayudar a los usuarios, quienes en pago deben tener la obligación de gestionar con su implicación comprometida el afianzamiento de una cultura de la  desapacibilidad ante las iniciativas punibles.

[1] Revista Rizomática. 12 Abril, 2009 por JLP.

Hector Dorado es Cubano, sociólogo y miembro de Conexión Iberoamérica.

Anuncios